Antecedentes
La creciente complejidad de los sistemas de salud y la mayor importancia de los determinantes sociales de la salud requieren médicos formados con una perspectiva poblacional. Sin embargo, la evaluación de las competencias en salud pública en la formación médica de grado sigue siendo heterogénea, con una integración conceptual limitada y una falta de enfoques estandarizados.
Objetivo
Mapear y caracterizar la evidencia científica sobre las estrategias utilizadas para evaluar las competencias en salud pública en estudiantes de medicina de grado.
Métodos
Se realizó una revisión de alcance siguiendo la metodología del Joanna Briggs Institute y se informó de acuerdo con las directrices PRISMA-ScR. Se efectuó una búsqueda sistemática en PubMed, Scopus, LILACS e IEEE Xplore de estudios publicados entre enero de 2011 y enero de 2026. Se incluyeron estudios que involucraban a estudiantes de medicina de grado y que abordaban la evaluación de competencias en salud pública. Los datos se extrajeron mediante una matriz estructurada y se sintetizaron de forma narrativa.
Resultados
Se incluyeron 30 estudios, que mostraron una marcada heterogeneidad en sus diseños, incluidos ensayos controlados aleatorizados y estudios observacionales, cualitativos y de métodos mixtos. Las estrategias de evaluación se organizaron en dominios clave, que abarcaron desde evaluaciones basadas en conocimientos hasta enfoques basados en el desempeño en entornos auténticos. Las estrategias experienciales, como el aprendizaje basado en la comunidad y el aprendizaje-servicio, permitieron integrar los determinantes sociales de la salud en los procesos de evaluación. Se identificó un continuo de complejidad evaluativa que refleja una transición desde la evaluación cognitiva hacia enfoques multidimensionales, contextualizados y orientados al desempeño. La mayoría de los estudios se realizaron en países de ingresos altos.
Conclusiones
La evaluación de las competencias en salud pública está evolucionando hacia modelos integrados, contextualizados y basados en el desempeño. Sin embargo, la ausencia de marcos estandarizados e instrumentos validados limita la comparabilidad entre los estudios. Avanzar hacia modelos de evaluación longitudinal y programática es esencial para fortalecer la formación médica y alinearla con los desafíos contemporáneos de la salud de las poblaciones.
Mapping the evidence on public health competency assessment strategies in undergraduate medical education: a scoping review. BMC Med Educ. 2026. doi:10.1186/s12909-026-09976-0.
García Dieguez M. Comentario sobre ¿Cómo evaluar la salud pública más allá del examen? Lo que muestra la evidencia en medicina. [Internet]. Organización Panamericana de la Salud. Repositorio Bibliográfico. Disponible en: https://campus.paho.org/es/repo/evaluar-salud-publica-mas-alla-examen-muestra-evidencia-medicina
García Dieguez M.
CEEProS Universidad Nacional del Sur
Esta revisión de alcance resulta especialmente útil para docentes, responsables curriculares y equipos de evaluación interesados en cómo valorar las competencias de salud pública durante la carrera de medicina. En lugar de centrarse únicamente en los conocimientos epidemiológicos, el artículo muestra cómo la evaluación está evolucionando hacia modelos que integran desempeño, compromiso comunitario, determinantes sociales de la salud y práctica clínica en contextos reales. Además, ofrece una clasificación muy clara de las estrategias de evaluación disponibles y propone un continuo de complejidad que puede orientar el rediseño de programas de evaluación por competencias.
Los autores identifican una evolución desde evaluaciones centradas exclusivamente en conocimientos hacia modelos que valoran el desempeño en escenarios auténticos. Las estrategias más frecuentes incluyen aprendizaje-servicio, proyectos comunitarios, rotaciones en salud pública, simulaciones (OSCE), evaluación mediante herramientas validadas para determinantes sociales, actividades colaborativas en línea y evaluaciones programáticas longitudinales. Uno de los principales aportes del trabajo es organizar las estrategias según un continuo de diez niveles de complejidad evaluativa, que va desde exámenes escritos hasta modelos programáticos longitudinales y marcos de consenso internacional. También propone una tipología estructural que vincula cada método con el tipo de competencia evaluada y el contexto educativo donde resulta más apropiado.
La revisión identificó 30 estudios publicados entre 2014 y 2025, recuperados mediante una búsqueda sistemática siguiendo la metodología del Joanna Briggs Institute y la guía PRISMA-ScR. Los estudios mostraron una gran diversidad metodológica y una marcada concentración en países de altos ingresos, especialmente Estados Unidos. Como limitaciones, los autores señalan la heterogeneidad de los estudios, la ausencia de instrumentos estandarizados internacionalmente, el predominio de investigaciones realizadas en países de altos ingresos y la falta de estudios provenientes de América Latina y África, lo que limita la comparación entre programas y la generalización de los resultados.
- Se recomienda combinar exámenes escritos con actividades en escenarios reales, como proyectos comunitarios, aprendizaje-servicio o rotaciones en salud pública.
- Es importante incorporar la evaluación explícita de competencias relacionadas con determinantes sociales de la salud, equidad y responsabilidad social mediante rúbricas o instrumentos validados.
- Utilizar OSCE, pacientes estandarizados y simulaciones para valorar habilidades de comunicación, promoción de la salud y alfabetización en salud.
- Implementar evaluaciones longitudinales que documenten el desarrollo progresivo de competencias mediante portafolios y múltiples fuentes de evidencia.
- Integrar modalidades digitales (e-learning y aprendizaje colaborativo virtual) cuando permitan evaluar competencias en contextos interculturales o distribuidos.
- Diseñar programas de evaluación programática que combinen diferentes métodos, momentos y escenarios, en lugar de depender de una única prueba final.